Nuestra Historia*


Esta historia fue escrita y publicada originalmente en la revista digital 89decibeles.com el 12 de Noviembre de 2012. Hemos puesto el texto integral tal y como fue publicado en esa página. 

 

 

 

Roberto

Roberto

NIRVANA BLUE

Este podría ser ddno de mis mejores años. Más cerca de los 40 que de los 30. Ya no gano el salario que ganaba antes, estoy viviendo como dicen: “Coyol partido, coyol comido”.

Probablemente ya no consiga brete como antes… y si mi negocio no llegara a funcionar tendría que trabajar en un call center como agente y empezar de cero.

Pero nunca me he sentido más libre. Dejé la colitis crónica que he tenido los últimos 3 años. Me curé el mismo día que renuncié a mi puesto como gerente de operaciones en uno de tantos call centers de este país.

Por otra parte logré publicar un disco y vendí como 30 copias, lo cual para mí es ya de por sí un logro. Tardé 16 años en hacerlo. Aun me queda una caja como con 40 discos más de vinilo… sí, porque se me ocurrió que el vinilo era el mejor formato.

Pero volvamos a mi trabajo: llevaba ya casi un año sufriendo. Los domingos padecía de esa angustia que tenía cuando estaba en el colegio y que desapareció tan pronto entré a la universidad. Había intentado todo, me había reinventado mil y un veces en mi trabajo con tal de arreglar lo que la verdad no me tocaba arreglar. Si los contratos de las cuentas que manejaba eran malos; $9 dólares por transacción y estas podían durar hasta una hora, eso no era mi culpa. No era mi culpa que los contratos se vendieran mal por alguien a 4.000 km de aquí, sin tener idea de lo que es un ServiceDesk. Tampoco era mi culpa si los agentes se las ingeniaban para falsificar incapacidades. No importa cuánto les hablé como padre a ver si los guiaba… y los motivaba. De todas formas lo que la empresa les pagaba era una condena a la depresión.

En mi caso yo amé la empresa en la que trabajaba, pero gerentes y colegas a mi alrededor eran corruptos y con muy poca ética y moral. Tenían amoríos entre sí, generaban discordia, serruchaban el piso… Yo pagaba esa entropía trabajando hasta los fines de semana. Para mayo mis amigos cercanos decían que tenía un color extraño, que me veía envejecido, que la sonrisa se me había secado y había secado mi cara dándole el gesto de un enfermo terminal. Hablé con la gerente de Recursos Humanos. Me miraba y su mirada era turbia, probablemente pensando en cómo iba pasar el fin de semana. Nunca hizo nada. Total estaba envuelta por esa nube de enredos…

Para colmos llegó un director nuevo. Ofreciendo cambio. “Les voy a traer automatización, los reportes serán menos manuales… no les tomara horas sacar y procesar el reporte. ¡No se pongan a trabajar ustedes en nuevos reportes más eficientes! Yo se los voy a dar” más tarde ese mismo dia: “¿Qué? ¿Por qué no sacaron el reporte?

Tenía otras frases super motivantes tales como: “Hey cuando tengan que dar retroalimentación o llamar la atención, nunca lo hagan en público, den felicitaciones en público pero llamadas de atención en privado” Para mí eso era super obvio. Pero para él no. El mismo día en otra reunión se le escuchaba decir a otro gerente, frente a todo el mundo: “Te voy a despedir, no sirves para nada” en fin… su management bipolar me cansó.

El 7 de Junio después de una reunión con unos gerentes de Texas (Vaqueros red neck que creen que somos un montón de monas en un árbol tratando de concentrarnos) y después de mentarnos la madre sentí que algo se quebró dentro de mí. Una nausea me invadió y me dije: “¡Yo puedo tener una vida mejor que esta! Gano mucho sí… me compro discos, instrumentos y no los puedo ni tocar… ¿Qué tal si decido ser feliz como lo sugiere mi maestro de yoga?”.

Así que tomé el teléfono y llamé a  Javier Francisco Ortiz y le conté la situación. Le dije: “Mae quiero renunciar” él me respondió: “Hazlo ¡ese #%^&@!!! de tu jefe te está haciendo más bien un favor!” Llamé a mi esposa y le comuniqué mi decisión. Ya lo habíamos hablado y ella respondió: “Mi amor, no hay situación económica que podamos pasar en el futuro que sea más difícil e insoportable que lo que hemos vivido el ultimo año con tu trabajo, renuncia, yo te apoyo”.

Me bajé del carro y caminé del parqueo a mi cubículo y abrí el word y escribí mi carta de renuncia. Tenía un plan… un plan dormido y aplastado por una empresa que no le importaba cuanto trabajaba por ellos y cuanto había hecho por ellos. Imprimí la carta (un gerente tiene ese gran lujo en esa empresa… una impresora en su escritorio cosa que resulta muy conveniente para imprimir amonestaciones o despidos).

Cuando mi jefe la leyó me dijo: “Qué es este despliegue emocional?” Le dije con una sonrisa: “Dicen que 80% de las razones por las que alguien como con más de 6 años se va, por lo general tienen que ver con el jefe”. .¡Touché! No contestó. Se quedó mirándome fijamente pensando en cómo replicar y listo. Me curé inmediatamente de la colitis crónica, el proceso de sanación ocurrió mientras pasaba por el umbral de la puerta de su oficina. Pero bueno, creo que ya se los había dicho.

***

Estudié administración de negocios, siempre quise estudiar eso. Desde pequeño tenía ideas de hacer y vender productos. Saqué una licenciatura en administración con énfasis en mercadeo. Trabajé en investigación de mercados y por esas cosas de la vida hace mas de 10 años comencé a trabajar en los call centers… fui creciendo hasta convertirme en gerente de cuenta. Pasé un tiempo en Francia estudiando, sacando una maestría y como necesitaba no morirme de hambre porque no tenía beca ni nada… y dado que había trabajado en una pizzería en Moravia (donde aprendí lo básico; en otras palabras, lo que no se debe hacer) pues terminé llevando un curso de “pizzaiolo” y acabé trabajando un tiempo en una pizzería allá en Francia.

Horno de leña

Eso siempre me encantó, simplemente venia una orden tras otra y yo hacía pizzas… la mente en blanco… las pizzas eran bien diferentes a lo que yo conocía aquí en Costa Rica… Entraba en trance… Las órdenes venían escritas en papelitos post-it con caligrafía de doctor y yo entendía por arte de adivinación que aquel garabato significaba: sin alcachofas, con poco queso o con más “morilles y menos champiñón de Paris”.

Volviendo a mayo de este año: le dije a mi profesor de yoga, ayúdeme, soy infeliz. La empresa para la que trabajo es un desastre. Yo no quiero esto… Por más que quiera, por más experiencia que yo tenga y por más que tenga todo materialmente hablando, carro nuevo, casa nueva, discos, ropa; soy infeliz. El me preguntó ¿y con qué trabajo alguna vez fuiste feliz? Yo respondí que con el trabajo actual… al principio fui feliz… pero luego todo cambió y que incluso me había sentido aun mejor cuando era estudiante haciendo pizzas en el verano para sobrevivir el invierno. Pasa que desde que regresé a Costa Rica después de mis estudios siempre quise tener una pizzería. Incluso allá por el 2008 tuve una en San Isidro de Heredia.

Me fue bien… trabajaba en la empresa de día y los fines de semana en la pizzería. Mucha energía… nada de cansancio. Todo se acabó porque no firmé contrato y la dueña del local quería alquilarlo a otra persona que le ofreció mucho dinero para así poder ganarse mi punto… En fin… tal frustración me llevó a comenzar a construir instrumentos… Pero bueno eso es ya otra historia… el tiempo pasó y después de conversar con mi maestro de yoga me quedé pensando… por qué si era tan simple ser feliz… hacer pizzas y venderlas… ¿por qué carajos no lo hacía? Es más, el me preguntó: “¿Por qué no haces lo que te gusta?” Pero aun no estaba listo, aun no había tocado fondo.

El 7 de junio habiendo renunciado, de regreso a casa, en el carro con mi esposa, conversábamos acerca de lo que iba a hacer. Mi esposa estaba contenta. Aparentemente el color gris ictérico se me había ido y una sonrisa me estaba naciendo en la comisura de la boca.

Hablamos de comprar un remolque para tener un puesto ambulante. De camino a casa nos desviamos un poco para pasar por un local que llevaba viendo hace años debajo de una escalera. El local tenía 8 metros cuadrados. Siempre hubo carnitas, repostería colombiana y por último batidos. El local está en un microcentro comercial. Uno de los locales estaba aun abierto cuando pase por ahí. Entré y le pregunte a la señora que me recibió si tenía el teléfono del dueño. Me lo pasó y lo llamé. El señor me dijo, ahora venden batidos ahí si me lo devuelven lo llamo.

Tres días después me llamó. Le habían devuelto las llaves del local. El 15 de Junio alquilé el local.

Mi padre estuvo convencido desde el inicio. Mis hermanos también, mi madre un poco más tradicional tenía todavía en su mente otra visión. Ella estaba deseosa de verme como director de una gran trasnacional detrás de un escritorio, siempre a punto de infartarme, me dijo: “Ehhhh no sé” al ver el mini local que yo deseaba alquilar.

transformacion localConté tal historia a mi grupo de yoga y noté como había en ellos una cara de desilusión… decepción… Rafita me dijo: “¿Entonces? ¿Ya no vas a ser feliz haciendo lo que querías hacer que te hace feliz?”. Esa pregunta anodina me desarmó… Ya había pagado para entonces dos meses de alquiler del local y no había hecho mucho. Me sentía valiente porque di un preaviso de dos meses. Esos comentarios y reacciones me pusieron la barba en remojo.Los días pasaron y por LinkedIn comenzaron otras transnacionales a contactarme ofreciendo unos puestotes increíbles. Por no despreciar y probar con todas las opciones disponibles empecé a avanzar en los procesos de selección. Fui a las entrevistas… saco, corbata y logros en mano… Y lentamente comencé a sentirme como que lo de la pizzería no era tan buena idea. Me ofrecían mejores beneficios… seguros médicos más completos, gasolina para el carro, bono para la compra de vehiculo nuevo cada 3 años… en fin… el paraíso… para los que piensan que eso es paraíso.

De uno de los puestos no volví a saber nada pasado cierto punto, del otro, el que más me interesaba en una compañía farmacéutica fui con un tipo que me decepcionó. Esa persona sería mi manager. Yo le pregunte: “¿Y como es su management?” El respondió sacando pecho: “Soy un micromanager y usted puede esperar que yo revise cada detalle de su trabajo” Casi se me sale un incontenible “pffffff!!!”, pero me controlé, cuestión de guardar la compostura. ¿Para qué querían un gerente que no tiene poder de decisión? Es decir, cero empowerment y este baboso me dice que ese es su management style como el biggest selling point. Yo me dije… no, esto es lo mismo. Además el tipo no había leído mi curriculum, se puso bravo, llamó a recursos humanos reclamando que nunca se lo habían mandado, para terminar encontrándolo en un sobre de manila cerrado sobre una pila de papeles en su escritorio.

Escribí a la oficina del headhunter que me había contactado y le dije que no quería seguir en el proceso. El mismo dia, lei una entrevista escrita por un conocido que se llama Daniel. Tiene una revista digital. Entrevistó a Diego Delfino y en una parte decía algo como: “Yo no estaba contento con mi trabajo, asi que me lo invente yo mismo e hice 89decibeles.” Eso y otros testimonios como este hicieron que los huevos me volvieran a crecer y dije: “Yo tengo que hacer lo que tengo que hacer para ser feliz. No voy a tener miedo. ¡Adelante! Quiero arrepentirme de lo que hice y no de lo que no hice.”

Ness es toa!

Comencé a acondicionar el local. Mi amigo Ness Chaves (algunos le recordarán por aquí por Non Plus Ultra y por su famoso “¡89decibeles es toa!”) venía religiosamente en sus días libres a ayudarme a pintarlo. Mi hermano diseñador industrial con habilidades en diseño gráfico me ayudó con el logo. Me ayudó a conseguir rótulos. Yo use mi liquidación y el aguinaldo para comprar el equipo. Hice una fiesta “all you can eat pizza party” en una quinta con un horno portátil que había fabricado yo mismo hace un tiempo como una idea de negocio… Reuní más fondos. Ness volvió a venir y me ayudó.

En una ultima prueba la vida hizo que mi madre me dijera: “Roberto, entonces después de una maestría y una licenciatura en Francia, ¿vos quieres ser feliz haciendo pizzas debajo de una escalera?”.

El 28 de setiembre después de pasar pruebas de paciencia con la administración pública para conseguir patentes y permiso sanitario y lidiar con la CCSS (creo que podría aplicar para un titulo de Monge Budista Tibetano por suficiencia), a las 4 de la tarde en punto abrí mi negocio. Ness se comió la primera pizza.

Me ha ido bien. Conozco gente nueva todos los días, estoy haciendo el punto como dicen. Invité a mis amigos que me apoyaron siempre. Invité a Diego Delfino y su esposa Paola para agradecerle por recordarme que uno puede soñar. Me siento afortunado.

Ahora trabajo aun más, gano mucho menos pero soy feliz. La gente me dice: “¡Qué valiente hacer eso que hiciste!” y yo me cuestiono si en realidad lo fue. Talvez loco, talvez soñador , talvez imprudente… probablemente desesperado por escapar a un futuro que si uno se deja se impone sobre tus sueños y te mata a fuego lento… como un infierno en vida. Le debo las gracias a muchas personas, Adrián Urbina, mi esposa, mis hermanos, mis padres, Oscar Herrera, Robert Brown Sharpe, Rodolfo Carrillo

Anoche Diego me dijo, “mae contá tu historia, mirá esto” y leí entonces el artículo de un blog titulado “Ahora montada en la mula me toca amansarla”. Otro amigo que conoce mi historia metaggeo también y aquí estoy escribiendo esto.

Ready to Rock

***

Inténtenlo… los que estén en la situación que estuve. Yo ahora me tiré a pista, incluso me hace falta dinero porque contaba con un montón que tenía en la asociación solidarista… el dinero se lo robaron unos miembros de la junta y el administrador que la asociación tenía. Pero eso será otro tema para después.

Cuando pienso en lo que hice se me viene a mi cabeza un segmento de letra de una canción deHooverphonic:

I just jumped out in the open Without knowing if my parachute would save me It’s quiet and peaceful in this emotional nirvana blue